Qué debe hacer el inversor ante el colapso de los mercados?
Deslumbrados por los buenos resultados de estos últimos años, los inversores estadounidenses han dedicado enormes cantidades de dinero a adquirir acciones extranjeras. Durante los últimos 12 meses la recompensa recibida ha sido más que satisfactoria, pero en mayo los mercados de todo el mundo cayeron en picado.
Por ejemplo, los fondos de inversión con acciones extranjeras perdían más del 8% en tan sólo dos semanas, aunque los extraordinarios resultados previos compensaban con creces dicha caída y para los últimos doce meses casi superaban el 31%. El desplome de finales de mayo fue especialmente severo en los mercados emergentes, que habían crecido un 50% en los últimos 12 meses pero caían un 13% en la segunda mitad de mayo. Por ejemplo, en la semana que finalizaba el 18 de mayo los fondos latinoamericanos caían un 10,7%, y la semana siguiente caían otro 4,2%. Las acciones estadounidenses también descendieron, con el índice Standard & Poor 500 bajando un 5% en las tres últimas semanas de mayo.
¿Se trata de la explosión de otra burbuja, similar a la experimentada hace varios años por las acciones tecnológicas?
Profesores de Wharton sostienen que algunos mercados emergentes efectivamente han estado en una burbuja, pero este no es el caso de los mercados desarrollados. Se trata ni más ni menos de una corrección del precio de las acciones de los mercados emergentes, pero no esperan que se convierta en una caída prolongada como la experimentada en el mercado Nasdaq de acciones tecnológicas hace unos años. En su opinión, a pesar de los últimos acontecimientos, los inversores de largo plazo deberían invertir en acciones extranjeras –incluyendo las de mercados emergentes-, y simplemente recordar que cada área sufrirá sus propios reveses.
El profesor de Finanzas, Jeremy Siegel, cree que las acciones de los mercados emergentes han estado en una burbuja en parte debido al alto precio alcanzado por los bienes básicos, ya que muchas economías emergentes suministran al resto del mundo metales, combustibles y otros bienes primarios. Asimismo, en base a los resultados obtenidos en el pasado, los inversores que observan las tendencias han dedicado más dinero a los mercados emergentes, incrementando el precio de las acciones todavía más. “No me gustan los mercados que simplemente siguen las tendencias”, dice Siegel. “Atraen a un tipo de inversores que desconocen los fundamentos básicos, y al final todos acaban en ellos”. Las acciones extranjeras de mercados desarrollados “no estaban en una burbuja, pero también en estos mercados hay seguidores de tendencias”, añade.
Al igual que muchos otros observadores del mercado, Siegel teme que el incremento de los tipos de interés de mayo haya sido el detonante de estas caídas sufridas a finales de mes. Los inversores esperaban que la Reserva Federal diese por terminada en breve la escalada de tipos iniciada hace un par de años. Pero después de la reunión del 10 de mayo, todas las declaraciones sugerían que la preocupación por la creciente inflación podría obligar a la Reserva Federal a seguir incrementando los tipos.
Muchos expertos esperaban que la Reserva Federal detuviese el incremento de los tipos en el nivel del 5% fijado el 10 de mayo, pero ahora se teme que pueda alcanzar el 6% o más. “Es una amenaza real”, sugiere Siegel. “Cuando durante la última reunión el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, no dio señales de pausa, la desorientación que se produjo fue enorme”. Los mercados financieros “en este momento han perdido en cierto modo sus puntos de referencia”.
La Reserva Federal sube los tipos de interés para desincentivar el gasto que provoca inflación. Para los consumidores y para los negocios, los altos tipos de interés aumentan el coste de endeudamiento, causando un descenso de las ventas de las empresas. Aunque la inflación se controla, unas ventas menores perjudican los beneficios y por tanto el precio de las acciones. Además, a medida que los tipos suben es más difícil para las acciones competir por los dólares de los inversores frente a los bonos, cuentas de ahorro y otras inversiones de renta fija. Cuando la demanda de acciones disminuye, su precio cae.
Dadas las extraordinarias ganancias generadas por las acciones extranjeras en los últimos años, muchos inversores estaban preparados para un cambio de tendencia y más que dispuestos a vender y garantizar sus beneficios. El pasado año los fondos que contenían acciones europeas subieron un 28%, los fondos de la zona del Pacífico ganaron cerca del 42% y los fondos latinoamericanos casi el 62%. Los fondos formados por acciones estadounidenses subieron un 12%, un resultado comparativamente exiguo.
Ignorando los riesgos
El profesor de Finanzas y Economía de Wharton, Richard Marston, señala que las grandes ganancias, como las que se obtienen con acciones de mercados emergentes, a menudo son consecuencia de un excesivo entusiasmo y exceso de confianza. Muchos inversores, emocionados por los resultados de estos mercados durante los años previos, han ignorado los riesgos de los mercados emergentes, donde las pequeñas economías poco experimentadas son vulnerables ante cualquier tipo de shock.
Este exceso de confianza, añade, se refleja en el diferencial entre el tipo de interés de los bonos del tesoro estadounidenses y los bonos emitidos por países de mercados emergentes incluidos en el índice Citigroup Global Emerging Market Sovereign Bond. Desde 1996, el rendimiento del índice Citigroup se ha situado por término medio 600 puntos porcentuales por encima del rendimiento de los bonos del tesoro estadounidense. Si los bonos estadounidenses se situaban en un 4%, el índice Citigroup alcanzaba el 10%. Un rendimiento superior es una prima de riesgo que los inversores demandan por haber asumido un mayor riesgo, como por ejemplo que el país sea incapaz de hacer frente a sus deudas.
No obstante, este diferencial se ha reducido a 200 puntos porcentuales recientemente, lo cual indica que los inversores en bonos son más optimistas frente a los riesgos; quizá demasiado optimistas añade Marston. “Básicamente nos dice que el mercado de bonos está completamente seguro de que en un futuro inmediato no va a haber crisis, que están dispuestos a aceptar un diferencial menor como prima que en 1996. Esto pone nervioso a cualquiera”.
Si algo ocurre que pueda minar dicha confianza, la situación puede rápidamente ser la opuesta, señala Marston. Durante la crisis de los bonos rusos de 1998, los diferenciales rápidamente se ampliaron de 400 a 1200 puntos porcentuales, lo cual refleja un mayor riesgo percibido para los bonos de mercados emergentes. “Claramente esto también sucede con las acciones de mercados emergentes”. La reciente caída de las acciones de los mercados emergentes indica que la confianza de los inversores está disminuyendo, añade Marston. “En el caso de los mercados emergentes, creo que algunos simplemente subieron tanto que la gente empezó a reconsiderar su posición y salió de ellos”.
En opinión del profesor de Gestión de Wharton, Gerald A. McDermott, durante los últimos años los beneficios de las acciones de mercados emergentes tenían una base sólida, como la subida del precio de los bienes básicos. “Gran parte de la subida se debió simplemente a que la economía mundial estaba creciendo”.
Los inversores con acciones de mercados emergentes pueden tener algo de consuelo al saber que las recientes caídas experimentadas “coinciden completamente con un descenso generalizado en los grandes mercados”, señala McDermott. En Estados Unidos, Europa y Asia las acciones también han caído en mayo. “Si sabes esto, te das cuenta que simplemente se trata del ciclo macroeconómico” más que de problemas específicos de países emergentes. “Creo que también se han visto afectados por grandes problemas geopolíticos, como el precio del petróleo, el crecimiento de Estados Unidos o problemas con la inflación estadounidense”.
Todos estos factores hacen que la caída sufrida sea menos preocupante, añade McDermott; muchas economías con mercados emergentes aún gozan de muy buena salud. “No veo nada …. en Brasil en los últimos 10 años que justifique la caída de sus acciones un 3%”. Es más, McDermott atribuye la caída en Brasil y otras partes del mundo a un “clima general de incertidumbre”.
Una corrección comprensible
Pequeños temblores en grandes mercados pueden transformarse en terremotos en los pequeños, principalmente porque ahora son muchos los inversores que poseen activos de todas partes del mundo. Cuando las acciones bajan en Estados Unidos y otros grandes mercados, los inversores a menudo reaccionan retirando dinero de las posiciones de mayor riesgo de sus carteras, como por ejemplo activos de mercados emergentes, explica Marston. “Cuando los mercados estadounidenses empiezan a caer, los mercados emergentes caerán incluso más, ya que los inversores empezarán a reconsiderar toda su cartera”.
Marshall E. Blume, profesor de Finanzas y de Gestión Financiera de Wharton, está de acuerdo y señala que “los mercados emergentes son más arriesgados”. Cuando los mercados desarrollados caen, la caída de los mercados emergentes suelen ser más profunda. Además, durante la última década con los ordenadores, comunicaciones y productos de inversión actuales, los mercados internacionales se han vuelto más integrados. Ahora “lo que es malo para la economía mundial es malo para Estados Unidos, y lo que es malo para Estados Unidos es malo para el resto del mundo”.
En opinión de Blume, la demanda de petróleo y otros bienes básicos de economías de rápido crecimiento como China ha provocado un incremento mundial del precio de los bienes básicos. “En cuanto suben los precios de los bienes básicos, se presiona al alza la inflación. Los bancos centrales empiezan a estrujar la economía incrementando los tipos de interés y eso tiene un impacto negativo sobre el crecimiento. En la actualidad todo y todos estamos relacionados … perturbar la economía no es bueno para las acciones”.
Al igual que el resto de sus colegas, Blume considera que la caída de las acciones extranjeras no es más que una corrección comprensible, no una señal de que los inversores deban deshacerse a toda prisa de las acciones extranjeras o de los mercados emergentes. “El mercado de valores podría caer hoy y empezar a recuperarse mañana”, dice.
Blume cree que el inversor estadounidense debería tener entre el 20 y el 40% de su cartera en forma de valores extranjeros, incluyendo el 4-5% en valores de mercados emergentes. En su opinión, el único motivo para vender acciones extranjeras en este momento sería recuperar asignaciones establecidas, ya que las enormes ganancias de los últimos años podrían haber provocado que muchos inversores tengan más dinero de lo que planearon en un principio en este tipo de acciones.
Marston cree que en una cartera compuesta el 25% por bonos y el 75% por acciones, al menos el 20% deberían ser acciones extranjeras, incluyendo un 5% en mercados emergentes.
En opinión de Siegel, las acciones extranjeras deberían comprender el 40% de cualquier cartera de acciones, y el 8% acciones de mercados emergentes. Su opinión sigue siendo la misma incluso después de la caída sufrida en mayo. Los inversores –insiste-, no deberían pensar en deshacerse de ellas. “Creo que es un buen momento para invertir dinero en acciones extranjeras”. ¿Empezarán a subir de nuevo en el año 2006 las acciones estadounidenses y extranjeras? Según Siegel la respuesta es afirmativa. “Creo que a finales de año los mercados van a estar más que recuperados”.




