El manifiesto a favor del castellano se presenta desde Cataluña como una amenaza para la pluralidad lingüÃstica de las comunidad
El manifiesto en favor del castellano se interpreta desde algunos sectores de Cataluña como una amenaza para la pluralidad lingüÃstica de las comunidades que acomodan de lengua propia. Personalmente creo que el asunto no es tan grave. Los promotores de esta campaña que ha reunido a gentes tan diversas son sencillamente oportunistas. Han aprovechado un rebufo de recuperación de un cierto orgullo de lo español, como sÃndrome colectivo promovido por el fútbol, para tratar de controlar cualquier manifestación pretérita de españolismo y conducirla de nuevo a la confrontación con la periferia.
Está suficientemente acreditado que la lengua española no está amenazada. Bien al contrario crece de forma espléndida. Sólo ocurre que en algunas comunidades el deseo de proteger la lengua propia la sitúa frente a la común. Otra torpeza. Lo que no debiera ocurrir de ninguna manera es que manifiestos a manifestaciones en defensa de la lengua española o de España terminen por volver a potenciar una confrontación entre lo general y lo local; entre lo colectivo de todos los españoles y lo propio de los españoles que comparten esa identidad con otra más propia o genuina.
TodavÃa no está patentado un nuevo patriotismo constitucional que permita estar orgulloso a la vez de la identidad española, como conjunto, y la identidad de las nacionalidades que tienen lengua propia, porque en la historia de nuestro paÃs siempre ha habido quien se ha empeñado en confrontarlas. Ahora todo depende de la izquierda intelectual de este paÃs en el supuesto caso de que todavÃa exista. Ese tipo de pensamiento debiera inducir a la inteligencia de determinar que en este mundo globalizado, la conceptualización de España democrática como suma o vector de todas las identidades, es necesaria aunque sólo fuera para sacar ventaja inteligente de nuestra capacidad de influencia. Para ello serÃa necesario que esa izquierda inteligente sumase voluntades integradoras de lo español con firmeza e incluso terquedad y sin un solo pretexto para que pudieran interpretarse como agresoras de lo peculiar de cada rincón de esta España diferente.
El español, la lengua castellana, es uno de los ejes de esa influencia y su existencia y potencialidad no debe nunca contraponerse a la necesidad de potenciar las demás lenguas españolas. El patriotismo no entiende de dimensiones. Sus cualidades y sus defectos son perceptibles en su aplicación a cualquier porción de tierra, sea Cataluña o Euskadi o España. No aceptar este principio y reconocer una escala de dimensiones conducirÃa a afirmar que el mejor patriotismo es el de patio de vecinos. El orgullo por lo colectivo propio tiene el grave problema de que la dosis es determinante. Tan malo es el desaforado amor por la propia tierra en cualquiera de sus dimensiones.
El patriotismo inteligente de una izquierda responsable debiera inducir al orgullo por España y por cada una de las partes que lo componen. Eso impidirÃa cualquier trampa de las que se están produciendo, promovidas en quienes consideran que el español es una lengua amenazada y en quienes les gustarÃa amenazarla.
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