¿Por qué levantan tanto resquemor el catalán, gallego y euskera, lenguas españolas perseguidas a punta de bayoneta?
El galardonado Antonio Gamoneda es tan excelente poeta como, al parecer, pésimo conocedor de la realidad mediático-política que le rodea. Este leonés [desde los tres años], Gamoneda, pasa por ser uno de los escritores favoritos de José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno de España y también leonés desde niño.
Es por ello que, cuando el otro día el poeta firmó el Manifiesto por la Lengua Común –que patrocina a bombo y platillo Pedro J. Ramírez, quien se ha apropiado, por cierto, de una iniciativa de Rosa Díez y de Fernando Savater-, El Mundo difundió su regocijo subrayando con intensidad la vinculación entre el Premio Cervantes de 2006 y el jefe del Ejecutivo.
Rectitud de intención
No dudamos de la buena fe de Gamoneda. Ni de su rectitud de intención. Creyó que, en efecto, el Manifiesto se limitaba a promover reformas para defender el castellano y de pronto se dio cuenta de que se trataba simplemente de una coartada –de alto nivel demagógico/populista- para montarle a Zapatero un pollo de mucho cuidado. Si el Gobierno acaba asumiendo –en mayor o menor medida- las propuestas de ese Manifiesto, se quedará sin aliados para el resto de la Legislatura recién comenzada y encenderá más hogueras de crispación en muy concretas zonas de la geografía española. Naufragio político, pues, a la vista.
Rompedor de España
Pero si Zapatero no hace caso al Príncipe de las Conspiraciones -y a la corte de palmeros de éste-, que se prepare, porque volverán a tildarlo de vendedor de la Patria, de rompedor de España y de vil perseguidor del castellano. ¿Por qué, si no, se apuntaron en bloque al Manifiesto Rajoy y sus compañeros de fatigas centristas así como, por supuesto, los amotinados esperancistas?
“Disparate que debemos arreglar”
Joan Puigcercós, el nuevo líder de ERC, entrevistado por Esther Jaén para El Plural, asegura con lucidez: “Lo primero que ha hecho el PP tras el Congreso es firmar el documento contra el catalán de Pedro J. Ramírez y de Jiménez Losantos”. ¡Oh! ¿En qué estaría pensando la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, tan posmoderna ella, cuando manifestó en La Vanguardia del domingo pasado: “El PP es visto como anticatalán; disparate que debemos arreglar”.
Pataditas en los tobillos
¿No se les ha ocurrido a ustedes, por tanto, Sra. De Cospedal, nada mejor para el arreglo de semejante “disparate” que unas pataditas más en los tobillos de muchos catalanes de origen y de adopción, siguiendo –como antaño hacía su antecesor en el cargo, Ángel Acebes- las instrucciones de Ramírez&Losantos?
Derechos civiles
Sostienen los padrinos del invento –que ya inspiraron otro manifiesto anticatalán hace cerca de treinta años- que sobre todo desean defender “los derechos civiles de todos los españoles”. Conmueve ciertamente el entusiasmo por los derechos civiles de determinada gente. ¿O es que no es un derecho civil el conocimiento de la lengua propia de cada comunidad? Dicho de otra manera: ¿por qué provocan tanto resquemor unas lenguas como el catalán, el gallego y el euskera, que han sido objetivamente marginadas y perseguidas -a punta de bayoneta- durante alrededor de cuarenta años? ¿Son o no lenguas españolas? Para algunos, sí son lenguas españolas pero –a lo sumo- de segunda división.
Ingenuidad efímera
La ingenuidad de Gamoneda ha sido por fortuna efímera. En El País de ayer denunciaba que “la conexión reiterada de mi nombre con el del presidente es ‘políticamente tendenciosa`”. Y puntualizaba: “Dije y digo que el manifiesto era razonable. En su literalidad lo sigue siendo, pero ya no en sus potencias. Lo ha desconcertado la política enmascarada. Así que, Srs. Ideólogos de El Mundo, su manifiesto ha sufrido seria avería en sus propias manos. Lo siento, pero tengo que rectificar. NO. El manifiesto ya no es razonable”.
Enric Sopena
el Plural




