La dictadura del Barça

"Juegan once contra once y siempre ganan los alemanes". La frase correspondió a Lineker, ex futbolista del Barcelona. Ahora, esas palabras pueden traducirse al catalán e incorporarse al manual del Barcelona. Once contra once y siempre gana el mejor equipo del planeta, el Fútbol Club Barcelona. Triunfa el fútbol que marca un equipo inalcanzable que ya se ha ganado el cielo. El Bayern fue pisoteado y eliminado de la partida. El Barça se marcó una primera parte mayestática que acabó con una eliminatoria que nunca existió. El mejor equipo de Europa, sin discusión, juega en el Camp Nou y avisó de sus intenciones conquistadoras, abriéndose paso por el Viejo Continente ganando batallas de artista.
El Bayern no es un cualquiera, pero lo pareció en Barcelona. Todo equipo es humano contra el Barça, un Ser Superior. El 'Pep Team' protagonizó otro capÃtulo de su lección particular con el balón. En esas condiciones, al rival sólo le queda agachar la cabeza y esperar, sólo esperar. Eran unos cuartos de la Copa de Europa de toda la vida, la madre de todas las batallas, y sólo jugó el Barça. Escribió su guión desde el pitido inicial y adentró al Camp Nou en un mundo de fantasia con el Bayern como vÃctima.
Los de Klinsmann olieron la exhibición, cerraron huecos y apagaron la luz. Al resto de equipos mortales les hubiese incomodado, pero el Barça está hecho de otra pasta. Se abrazó al balón y se convirtió en un rodillo inabordable. El Barcelona aprovechó en tres minutos, los que van desde el 9' hasta el 12', sus superpoderes. Etoo hizo daño por la frontal y asistió a Messi que, en solitario, hizo el primero con un disparo marca de la casa que ya ha convertido en infalible. Su toque con el interior, directo al segundo palo, superó a Butt, portero tÃtulo del Bayern después del escarnio contra el Wolfsburgo.
Suspiros después, Messi intercambió los papeles con Samuel. El africano recibió dentro del área una asistencia majestuosa de Leo y, escorado, batió a un superado Butt. HabÃan pasado tres minutos y la embestida del Barcelona y su fútbol celestial era una realidad. El Bayern ya habÃa conocido su destino en los cuartos de final y su fin en la competición.
Los alemanes entraron en estado, más preocupados de no llevarse más bofetadas que de incorporarse a la eliminatoria. El hambre del Barça hizo el resto. Sus números, su juego, se elevan ante la ambición de un equipo que siempre quiere más, que nunca descansa. El hambre lo ha transmitido Guardiola, al que le mandaron a la grada después de su mosqueo con motivos tras un penalti que el árbitro no concedió al Barcelona.
El susto del Bayern también tenÃa sus causas, razonables. Sólo hubo un equipo en el verde y vistió de azulgrana. Perdonó Henry en un par de ocasiones, responsable de los otros dos tantos. El francés retrocedió en el tiempo para recordar su velocidad de 'gunner' y originar el 3-0. Rompió a Oddo apurando hasta lÃnea de fondo y sirvió al área chica, donde apareció el elegido de Dios. Era Messi, que metió su pierna de ángel para mandarla a las redes. No mucho después, fue el origen de todo en el cuarto. Van Bommel, entre tanto, se marcó un codazo criminal a la cara del argentino, justo cuando Etoo vio a Henry en ventaja. Golpeo de 'Titi' y 4-0, la realidad misma.
Tras el paso por vestuarios, el Bayern siguió con su dilema, pensar en pisar campo contrario o aguantar el fugaz paso del tiempo. El Barcelona siguió disfrutando. Con Xavi de director e Iniesta de gigante diminuto todo es mucho más fácil.
Hasta la defensa azulgrana respondió en las contadas ocasiones en las que fue examinada. Toni y Ribery vivieron 90 minutos de lamentos y sin razones. El Barça ya habÃa pensado en su futuro, en ése en el que todos los caminos dirigen a Roma.
delfin melero /marca




