Otro PP gallego es posible
El nacionalismo sale a la calle. Los socialistas reflexionan. La postura hostil ante el gallego del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, ha movilizado a la oposición en Galicia, que hace unas tres semanas se plantó en Santiago para entonar un Queremos Galego. Este sábado, siguiente paso: la intelectualidad en torno al PSdeG desplegará su polÃtica de salón en un encuentro en el compostelano Teatro Principal.
Unos y otros han mostrado su rechazo al maltrato, dicen, que sufrirá la lengua autóctona con Feijóo instalado en San Caetano.
Impulsados por A Mesa, una organización a favor de la normalización del gallego, se sumaron a la manifestación celebrada en la capital de Galicia: entre la cincuentena de partidos, sindicatos y asociaciones, estaba el BNG, el PSdeG y, sorpresa, algunos militantes del Partido Popular.
Una reivindicación del gallego a tÃtulo personal
Acudieron por su cuenta y riesgo, sin pancartas ni estandartes, conscientes de que el motivo por el que estaban allà --entre banderas blanquiazules trufadas de estrellas rojas de cinco puntas-- era únicamente la defensa del idioma vernáculo. Es el caso de Rafael Cuiña, cuyo apellido les retrotraerá a los tiempos de Manuel Fraga, cuando el PP de la boina campaba por la Xunta con Xosé Cuiña --su padre, ya fallecido-- como superconselleiro y eterno delfÃn del hombre al que le cabÃa el Estado en la cabeza.
Yo no me manifesté en contra del Gobierno gallego", deja claro Rafael Cuiña, militante con carné, pero alejado de cargos e instituciones. "Estuve allà a favor de nuestra cultura y de nuestra lengua". Junto a él, su hijo mayor y su cuñado, Nicolás González, secretario de Sanidad de los socialistas pontevedreses y miembro de la corriente galleguista. "HabÃa gente de todo pelaje", afirma el vástago del ex titular de PolÃtica Territorial. "Un ambiente 100% plural".
La marcha, a decir verdad, parecÃa un juego de mesa anunciado en TV: era apta para personas de 0 a 99 años. Frondosas barbas canosas y niños aupados en los hombros de sus padres. Románticos imberbes y familias que se habÃan llevado hasta al yerno. "Hubo a quien se le pasó por la cabeza instrumentalizarla, aunque no fue asÃ. Yo, por inercia familiar, soy del Partido Popular, pero fui con amigos que militan en el BNG. Y sÃ, también habÃa simpatizantes del PP".
Otro PP de Galicia es posible
LalÃn, 1972. Hijo de Xosé Cuiña, eterno sucesor de Fraga hasta que llegó el Prestige. Pagó los platos rotos y el petrolero quebrado. Era el rostro del PP de la boina, un Partido Popular con tintes de licor café: casero, tradicional, fuertemente implantado en el rural y rayano en lo folclórico. Como José Luis Baltar, presidente de la diputación de Ourense, rascaba en la garganta y de cuando en vez provocaba dolores de cabeza.
Un galleguismo light al que también estaba adscrito, por ejemplo, Xosé Manuel Barreiro, otro de los candidatos a liderar el partido y hoy presidente del PP lucense. Entonces, los del birrete (una casta más urbanita, plegada a Romay BeccarÃa y Mariano Rajoy, con un aire más funcionarial y eminentemente centralista) se salieron con la suya y el candidato oficial de Génova, Núñez Feijóo, se hizo con las riendas del partido y, tras el Gobierno bipartito, con las de la Xunta. Hoy, una parte de Galicia enseña sus dientes ante su gallegofobia.
"Es evidente que esta dirección tiene más afinidad con la Administración Central y menos autonomÃa que el PP de Fraga", comenta Cuiña. No lo es menos que Feijóo es todo oÃdos para Madrid e, incluso, para un sector que le ha adelantado por la derecha: Galicia Bilingüe, una suerte de Hazte OÃr, pero en el plano linguÃstico. En público, piden el respeto por ambos idiomas, mas no es difÃcil adivinar su adscripcion españolista y antigallega recalcitrante.
"Me preocupa realmente la influencia de determinados grupos de presión en el PP, que podrÃa pensar que tiene deudas pendientes con ellos por cierto apoyo recibido. La mayor parte de Galicia Bilingüe son monolingüistas disfrazados de bilingüistas en busca de la libertad lingüÃstica. Y habrá gente a la que le metieron en la cabeza que existe una determinada imposición del gallego, que no comparto".
De la boina al birrete
¿Qué sucedió, al margen del run run mediático-polÃtico con epicentro en Madrid, para que parte de la ciudadanÃa tuviese esa sensación? "La polÃtica de comunicación del Bloque falló en un momento dado. He hablado con Anxo Quintana --ex vicepresidente de la Xunta, BNG-- y en su proyecto de las galescolas habÃa buena fe. Le acusaron de batasunizar las guarderÃas, y no fue asÃ". Las escuelas infantiles de Feijóo no quieren ni parecerse en el nombre a las ikastolas y han sido rebautizadas como A Galiña Azul (La Gallina Azul).
Algo ha cambiado entre el PP de antes y el de ahora. Es más, habrÃa que preguntarse qué queda de aquella facción. Pese a su travesÃa en el desierto, recuerda que ahà están Palmou, Barreiro, Bahamonde... "Hay otro sector que se disfraza con un cierto galleguismo, cuando en realidad son regionalistas populistas", critica Cuiña. "No voy dando carnés de galleguista a nadie, pero antes el PP miraba desde el Padornelo hacia Galicia y ahora depende más de fuera".
Respecto a las diferencias, opina que "las grandes mayorÃas absolutas eran del centroderecha galleguista; ese plus necesario venÃa de ahà precisamente". Y nadie, continúa, "ocupó ese espacio dentro del PP". Ahora bien, habrÃa que recordar que algunos ex militantes del partido de la gaviota --junto a históricos polÃticos locales y provinciales venidos a menos-- montaron formaciones de carácter centroderechista y con un rancio toque de galleguismo edulcorado: Terra Galega y --enarbolando las viejas siglas de manera tosca-- los refundados Partido Galeguista y Coalición Galega. Estos dos últimos, presentes en la manifestación de Santiago.
"Lo más destacado era que pensaban en clave gallega. Triunfaron los del birrete, sÃ, aunque yo no comparto esas denominaciones. Antes no habÃa estos problemas lingüÃsticos porque con los gobiernos de la época Fraga se consiguieron consensos. Aprobados por unanimidad en el Parlamento, lo cual es muy importante. Ese determinado sector del PP, hoy casi marginal, habrÃa tenido las cosas más fáciles si hubiese bajado la cabeza ante Madrid. Pero no estaba dispuesto a hacerlo", asegura Cuiña, cuyo padre llegó a decir que preferÃa morir en la arena como los buenos gladiadores a envejecer en las gradas.
Del consenso parlamentario a la "brecha social"
Empresario en su villa natal, Rafael no quiere saber nada de sillones ni escaños. "Estoy en el ámbito galleguista y en él me siento respetado. Me llevo bien con Feijóo y con Quintana. Como no tengo aspiraciones polÃticas, no me ven como un rival a atacar. Algunos me han sugerido entrar en ella, pero conozco suficientemente ese mundo como para seguir estando como estoy".
Le tienta, eso sÃ, teorizar sobre la polÃtica de su tierra en una columna que publica periódicamente en el diario digital Vieiros, de corte nacionalista, donde entrevistó al ex vicepresidente de la Xunta. Y no tiene reparos, además de sumarse a una marcha convocada por los progresistas, en presentar --junto a los tótemes del nacionalismo Xosé Manuel Beiras y Camilo Nogueira-- la plataforma a favor del gallego ProLingua.
Como él, asegura, hay muchos otros, "cientos de personas", que militan en el PP y son galleguistas. Algunos se dejaron ver en Compostela para protestar por la polÃtica lingüÃstica de Feijóo, que tira por la borda parte de lo conseguido durante lustros. "Ahora estamos viendo que existe una brecha social. Si hay 50.000 o 100.000 personas protestando en la calle, algo pasa".
Fuente: HENRIQUE MARIÑO /publico




