Una cuestión de Estado
Es cierto que existen separatistas, pero existen también muchos separadores. Y quien siembra vientos recoge tempestades.
Detalles
Una cuestión de Estado
Visto desde una cierta distancia puede parecer exagerada la reacción de la inmensa mayorÃa de las fuerzas polÃticas catalanas -las únicas excepciones son las del PP y C's- ante la posibilidad que el Tribunal Constitucional cercene de forma significativa el ya vigente Estatuto de AutonomÃa de Cataluña.
Se equivocan quienes opinan que es ésta una reacción simplemente corporativa por parte de las formaciones polÃticas más importantes, desde aquellas que, como el PSC o ICV-EUiA, apuestan por un desarrollo federalista de nuestro Estado de las autonomÃas, hasta ERC, que defiende una opción independentista, pasando por la federación nacionalista CiU.
Y es que hay un dato fundamental al que al parecer no se le quiere dar la importancia debida: este nuevo Estatut, vigente desde hace ya cerca de tres años, fue aprobado en referéndum por la ciudadanÃa de Cataluña. Aquella consulta, de carácter vinculante, se produjo al fin de un largo proceso de elaboración del texto estatutario, elaborado inicialmente en el Parlamento catalán, que fue sometido a revisión con posterioridad en el Congreso de los Diputados y el Senado, para ser revalidado de nuevo por el Parlamento autonómico y sometido por fin al refrendo popular.
Si, como parecen apuntar diversas informaciones, definitivamente y tras cerca de tres interminables años de deliberaciones el Tribunal Constitucional acaba considerando que este Estatut no se ajusta a la Constitución, es evidente que en Cataluña se abrirá un conflicto no ya estrictamente polÃtico sino social. Y aquà no sirve la fácil excusa de la baja participación popular en el referéndum estatutario, puesto que si fuese asà otros refrendos similares -por ejemplo, el de la mismÃsima Constitución- con bajos niveles de participación también podrÃan ser cuestionados.
El Tribunal Constitucional se enfrenta ahora a una decisión histórica, sin parangón en todo su historial. Por vez primera puede producirse una sentencia que anule una ley orgánica que no sólo fue aprobada por las mayorÃas parlamentarias de tres cámaras legislativas -el Parlamento catalán en primera instancia, el Congreso de los Diputados y el Senado en segunda- sino que además fue votada en referéndum por la ciudadanÃa afectada.
Nos hallamos ante una auténtica cuestión de Estado. Quienes han estado jugando hasta ahora con fuego pueden acabar no ya chamuscándose sino quemándose en las llamas por ellos atizadas. Si se confirman las peores previsiones, la desafección de una amplÃsima mayorÃa social catalana hacia nuestro actual sistema de convivencia plural y diversa puede crecer exponencialmente. Y es que es cierto que existen separatistas, pero existen también muchos separadores. Y quien siembra vientos recoge tempestades.
Fuente y autor: Jordi GarcÃa-Soler es periodista y analista polÃtico/elplural




