Con IVA y sin IVA
En los primeros años ochenta, al poco de llegar al poder el PSOE, Josep Borrell se desempeñaba como secretario de Estado de Hacienda y libró batalla hasta conseguir la introducción del impuesto sobre el valor añadido en los usos fiscales de los españoles. En esa época le tocó gestionar una reparación del edificio que habitaba en Majadahonda en su calidad de presidente de la comunidad de vecinos. El operario que le presentó la factura, desconocedor de la identidad de aquel señor con barba, (entonces la llevaba), le dijo: "...Y el IVA, se lo perdono". El conserje de la finca, que acompañaba al manitas, se dio cuenta de lo que el otro no sabÃa y ante la embarazosa situación zanjó rotundo: "¡Hombre, Emilio, algo de IVA hay que poner, algo hay que poner..."
La anécdota, que me recordaba el otro dÃa el genial Peridis, viene a cuento de la que está siendo, sin duda, la semana del IVA por mor del debate en el Congreso de la proposición derrotada del PP. El Gobierno quiere poner algo... algo más de este impuesto, y la oposición popular ha levantado una fácil bandera contra esta medida apelando a un populismo demagógico que, obviamente, no es compatible con el incremento de las cargas fiscales.
Un impuesto trasversal
Muchos ciudadanos, desde una óptica progresista, no están de acuerdo con la subida del IVA del 16% al 18% para el tipo elevado y del 7% al 8% para el intermedio. Les parece que es un impuesto trasversal que afecta a todos por igual y que eso es escasamente justo por más que el Gobierno encuentre explicaciones a todas las objeciones que puedan hacerse al respecto. La repercusión de la subida en sectores como turismo, automóvil, servicios y comercio, no es para perder de vista un efecto que puede contrarrestar los beneficios de la medida. Lo que indica el manual de cualquier polÃtica socialdemócrata es que, puestos a subir impuestos, se haga recaer la carga en los de mayor renta vÃa tramo más alto del IRPF. Esto es algo que el ministro de Fomento planteó ante los micrófonos de la SER este verano y que durmió, a continuación, el sueño de los justos.
Rentas altas, ¿dónde está el listón?
Parece razonable que paguen más los que más tienen, pero los cálculos realizados sobre las repercusiones de tal decisión en las arcas públicas parece haber dejado claro que no satisfarÃa las necesidades del Gobierno, por lo que Elena Salgado y los suyos han recurrido al IVA como seguro motor para el incremento de la hucha pública hoy bajo mÃnimos. Además la dificultad de delimitar donde se sitúa la frontera de los ingresos más altos parece haber recomendado al Ejecutivo el no meterse en un terreno pantanoso en el que podrÃa haber encontrado incluso la oposición de los suyos.
DifÃcil explicación
Defender una subida de impuestos es una tarea letal para un polÃtico, de ahà que los aliados del Ejecutivo en la aprobación de los Presupuestos, PNV y CC, hagan todo tipo de malabarismos dialécticos para justificar ante los suyos un apoyo más que comprometido a estas alturas. Es verdad que se necesitan ingresos y es cierto que apelar al IVA garantiza una cantidad importante, hasta 5.000 millones de euros en los primeros doce meses de su entrada en vigor. Pero también lo es que la decisión tiene difÃcil explicación por más que el incremento tampoco sea un drama como pinta exageradamente el PP.
Brindis populares al sol
Ya están los impuestos, una vez más, en el juego polÃtico. Los populares saben que para ellos todo es gratis y que pueden realizar cuantos brindis al sol consideren oportunos sin que sus promesas, muchas de ellas irrealizables, les pasen factura electoral. Su estrategia es la clásica wait and see y en ella confÃan para que la victoria en las urnas les caiga, más temprano que tarde, del cielo electoral. Lo malo es que quizá no llegue, o no lo haga en la medida que esperan, dejando en evidencia un oportunismo polÃtico, evidente y táctico, pero escasamente patriótico para quienes no dejan de apelar a ése concepto más de palabra que de obra.
Fuente y autor: Antonio San José es periodista y analista polÃtico/elplural




