¿Dos años o dos siglos?
Se acaban de cumplir dos años de la segunda victoria del PSOE en las urnas después de la era Aznar. Veinticuatro meses de gestión que vistos en perspectiva se antojan toda una eternidad si tenemos en cuenta los presupuestos sobre los que Zapatero fraguó su triunfo: la presentación de una Arcadia feliz y la promesa de pleno empleo en España.
Resulta sarcástico el revés que la realidad ha propinado a las buenas intenciones de entonces cuando el paÃs jugaba en la "champion league" y la economÃa era un conjunto de dulces balsas de leche y miel. Incluso el acento socialista se ponÃa en potenciar la incorporación de la mujer al mercado del trabajo porque se entendÃa que el empleo masculino estaba ya en su cota más alta posible.
Sin noticias de la crisis
Por aquel entonces casi nadie avizoraba la crisis provocada muy poco después por el tsunami de las subprime. Es verdad que Zapatero y Solbes carecieron, como mucha gente más, de la visión suficiente para llegar a entender la gravedad de una situación económica que nos ha alcanzado de pleno con más de 4 millones de parados y un tejido empresarial absolutamente maltrecho. Sólo han pasado dos años, pero parecen dos siglos, desde que la burbuja inmobiliaria alimentara un sistema que hizo vivir al paÃs por encima de sus posibilidades hasta que dio sÃntomas de agotamiento absoluto y dejo empantanados a banqueros que pasaban por sabios y que han resultado seriamente tocados en el envite. AquÃ, para qué vamos a engañarnos, no se ha salvado nadie.
"Avisados" y "enterados"
Quizá cabrÃa decir más bien "casi nadie", porque listos ha habido siempre y tal parece que "avisados", "enterados" y "en la pomada" de lo que pasaba estaban todos menos algunos pobres tontos que no se enteraban de nada. Igual que no hay nadie que no estuviera levantando adoquines en los Campos ElÃseos en mayo del 68, tampoco es fácil encontrar hoy a quien no supiera hace dos años, o quizá antes, todo lo que iba a pasar. En este bendito paÃs la pléyade de augures, arúspices y adivinos varios da para llenar estadios. Somos asà de listos.
Zapatero, en horas bajas
Zapatero ha pasado, sin duda alguna, los dos peores años de los seis que lleva en La Moncloa. En este tiempo ha cometido casi todos los errores posibles, ha pisado todos los charcos con los que se ha encontrado a su paso y ha defraudado a una parte importantÃsima de sus votantes. Los Ãndices de popularidad hablan por sà solos y la intención de voto de su partido, a fecha de hoy, dista al menos seis puntos de la de su principal rival en una tendencia que no hace más que confirmarse trimestre tras trimestre. El presidente está en horas más que bajas, eso no lo duda nadie, la pregunta es si está acabado, amortizado, o si aún tiene capacidad de maniobra para intentar la recuperación. Parece claro que en su mano está.
Todo depende de él
La buena noticia para él es que aún quedan dos años para las próximas elecciones generales y si hemos visto como el bienio transcurrido parece un decenio, los restantes pueden tener la misma percepción a ojos de los ciudadanos. Todo depende de cómo actúe, de qué iniciativas presente contra la crisis y de qué forma logre conectar con una ciudadanÃa que hoy le da bastante de lado. Escuchando a monaguillos y palmeros que le jalean hasta más allá de lo irresponsable no conseguirá nada. Hundiéndose en el marasmo de agoreros impenitentes, interesados o no, tampoco.
Ejercer el liderazgo
Este es el tiempo en el que puede demostrar que es un lÃder de verdad, -si es que es un lÃder de verdad-. La situación requiere inteligencia, audacia, eficacia, experiencia y pedagogÃa. Si Zapatero cambia de arriba abajo su Gobierno, pone a los mejores, comunica con eficacia y es capaz de articular una baterÃa de medidas, por muy duras que sean, que alivien la situación angustiosa de muchos ciudadanos, todavÃa tendrá mucho que decir. La suerte no está echada y en el PP deberÃan actuar con cautela no vaya a estropeárseles una victoria en las encuestas que tienen que refrendar necesariamente los ciudadanos en las urnas. La faena aún no ha acabado y, como dicen los taurinos, ahora tan de moda, "hasta el rabo todo es toro".
Fuente y autor: Antonio San José es periodista y analista polÃtico/elplural




