El trabajo de los polÃticos: Hay más de 4.500.000 de parados!!!!



La vida polÃtica está llena de constantes que se aplican a militantes y cargos públicos de cualquier tendencia. AsÃ, resulta un lugar común escuchar de tal o cual personaje que su dedicación al cargo es total, que invierte en ello más de veinticuatro horas al dÃa y, por supuesto, sus colaboradores más próximos destacan en él, o en ella, una gran capacidad de trabajo, hasta el punto de que nunca se cansa.
Estas apreciaciones son presentadas como un elogio, y sin embargo para mà resultan preocupantes, porque en cualquier actividad es necesario mantener una cierta distancia con respecto a lo que se hace, y cuando digo distancia me refiero a que hace falta tener otros entretenimientos, dedicar al trabajo sólo aquello que haga falta, pero no más. Quien se pasa el dÃa vinculado a un solo tema es o bien porque le falta capacidad o bien porque carece de luces para hacer otra cosa. Además, se produce el problema añadido de que cuando esa persona deja el cargo siempre nos reprochará a los ciudadanos que no supiéramos valorar en su justa medida todo su esfuerzo y su dedicación.
Esta visión del polÃtico absorbido por su trabajo contrasta con la de los ciudadanos, cuya opinión es justo la contraria, pues están convencidos de que no hay mejor vida que la de los cargos públicos. Pero la verdad es que una mayorÃa de polÃticos hace bien su trabajo, que sabe compaginar su actividad pública con la personal o la profesional, y que en consecuencia no están en lo cierto ni esos propagandistas que exaltan su esfuerzo ni los ciudadanos hipercrÃticos con todo cuanto venga de la polÃtica.
En este debate acerca de si se trabaja mucho o poco se ha insertado ahora lo referente a los periodos de sesiones del Congreso y del Senado. Tanto uno como otro han resuelto la cuestión mediante el recurso al art. 73.2 de la Constitución que establece cuándo y por qué procedimiento podrán celebrarse sesiones extraordinarias, en lugar de reformar el punto primero del mismo artÃculo que regula los periodos ordinarios de sesiones: "el primero, de septiembre a diciembre, y el segundo, de febrero a junio".
No estoy seguro de que la modificación suponga un incremento de la actividad legislativa, pero me causó sorpresa que la iniciativa partiera del Senado, una Cámara en la que casi desde la aprobación del texto constitucional se está hablando de la necesidad de acometer una verdadera reforma de su estructura que la convierta de verdad en Cámara de representación territorial. Por otro lado, una parte de los senadores es designada por las cámaras autonómicas, con lo cual hay escaños ocupados por representantes que también los poseen en su comunidad autónoma. ¿De verdad es posible simultanear ambos cargos?
El Estatuto andaluz señala en su artÃculo 106 que para ser senador en representación de nuestra comunidad el único requisito es ostentar "la condición polÃtica de andaluz". Sin embargo, nuestros representantes deben pensar que si ya los hemos elegido una vez deben acumular cargos. En ese caso se encuentra, entre otros, Javier Arenas. De modo que a su condición de máximo dirigente del PP andaluz une la de parlamentario en Sevilla y senador en Madrid.
Quizás el Senado, o el Estatuto, deberÃan haber comenzado por establecer algún tipo de incompatibilidades. AsÃ, además de la simultaneidad ya citada, ¿ocupar una alcaldÃa no exige ya una dedicación incompatible con tener que acudir a las sesiones del Senado en Madrid? Si ahora se aumenta el periodo de sesiones, ello supondrá una menor dedicación al otro cargo, no queda otra conclusión. Claro que siempre quedará el vocero encargado de hablarnos de la gran capacidad de trabajo de nuestro, o nuestra, representante. Sin embargo, siempre nos quedará la duda de cuándo tienen tiempo para la reflexión, para la lectura, para todo cuanto los convierta en individuos dispuestos a proponer ideas y soluciones, y no en repetidores de argumentarios proporcionados por su partido.
Fuente y autor: José Luis Casas Sánchez es Profesor de Historia




