Los cuatro ases de la baraja
Toda elección tiene un plus de incertidumbre por muy claras que parezcan las expectativas de cada partido. TodavÃa quedan dos años para que se celebren elecciones generales, si se agota la legislatura; aunque en realidad esta cuenta no es totalmente exacta porque esta carrera tiene estaciones intermedias: las elecciones catalanas y las municipales y autonómicas que marcarán sin duda tendencia.
La baraja de este juego tiene cuatro cartas fundamentales a las que tienen que aspirar los contendientes de este póker abierto a toda la sociedad. La primera es la situación económica. No hay respiro en el horizonte, pero tampoco es razonable que si no empeora la situación internacional se compliquen todavÃa más las cosas, aunque existe un antiguo aserto que indica que no hay situación por complicada que sea que no pueda empeorar. La gran sangrÃa es el paro que castiga con dureza a tres colectivos fundamentalmente: menores de treinta y cinco años, mayores de cincuenta y dos e inmigrantes.
Por encima de un crecimiento cercano a tres por ciento del PIB es casi imposible que se genere empleo. Y normalizar las cotas de desempleo puede llevar varios años desde el momento en que la economÃa comience arrancar. Este parámetro de influencia en la intención de voto no va a cambiar porque cambie la económica -no va a dar tiempo- sino por la mayor confianza que ofrezca cada partido en su capacidad para en solucionar este problema. El PP tiene una ventaja de momento, que es la existencia probable de un programa oculto que no va a hacer público para no asustar a una parte del electorado.
Sólo un cambio radical en los equipos y en la actitud del presidente de Gobierno podrÃa inclinar la balance de este acápite económico hacia su lado. No es nada fácil. Habrá que esperar a la remodelación o crisis de gobierno que hará después del final de la presidencia europea para conocer el impulso de recuperación de crédito o iniciativa que puede tener José Luis RodrÃguez Zapatero.
Segunda carta a jugar: elecciones en Cataluña. La encuesta que publicó ayer La Vanguardia del instituto Noxa no es precisamente positiva para el PSC, que pierde un número significativo de escaños. Pero el mensaje es contundente contra el tripartito. La ascensión de CiU vaticina un fin de ciclo y un vuelco electoral para recuperar el gobierno de convergencia aunque roza la mayorÃa absoluta sin lograr consolidarla.
Es difÃcil recuperar el crédito para el gobierno de Montilla, y si bien el presidente sale mejor valorado que su partido y su gobierno, es difÃcil pensar que con el corsé del gobierno de coalición puedan maniobrar para recuperar terreno antes de las elecciones catalanas.
Tercer naipe: las elecciones municipales. No hay en el horizonte perspectivas de que el PSOE puede ganar plazas importantes nuevas y algunas puede perder. Más allá de una victoria numérica, lo que cuentan son los resultados de las grandes capitales. Madrid y Valencia no son alcanzables para el PSOE que ni siquiera tiene unos candidatos potentes definidos. Y el resto, será una dura lucha por mantener algunas que pueden estar en peligro. El aviso de la alcaldÃa de Sevilla, donde su titular ya ha anunciado su renuncia para la postulación, son claves para mantener aspiraciones.
Cuarto naipe: no hay muchas alegrÃas que pueda dar el Gobierno socialista a los ciudadanos excepto la magnÃfica gestión de Alfredo Pérez Rubalcaba contra ETA. Si se lograse una solución definitiva mediante la ruptura de Batasuna con ETA o el impensable hoy anuncio a dÃa de hoy del abandono de las armas por parte de ETA, serÃa sin duda un balón de oxigeno merecido para el gobierno.
Aparte de estos cuatro apartados en donde se puede decidir el resultado de las próximas elecciones hay un campo de juego que es difÃcil de precisad: el de la desafección o distanciamiento de los ciudadanos de los partidos polÃticos. Si el PSOE se lograra reconciliar con una parte de la sociedad escéptica con la polÃtica se podrÃa recuperar su prestigio y estarÃa abierto el camino de la ilusión. Pero esa es historia para otro artÃculo.
Fuente y autor: Carlos Carnicero es periodista y analista polÃtico/elplural




