Los Amos del Universo
Año 1988. El presidente de EEUU es Ronald Reagan. En Londres, gobierna Margaret Thatcher. El huracán del liberalismo económico arrasa tras la caÃda del muro de BerlÃn. El pensamiento único -el de menos "Estado y más mercado", el de las privatizaciones sin freno y el de la liquidación paulatina del Estado Providencia o Estado del Bienestar- se expande por doquier. Tom Wolfe publica, ese año 1988, La hoguera de las vanidades.
El protagonista de su historia se llama Sherman Mc Coy, un asesor financiero que se ha convertido en la estrella de una firma de brokers. En el lenguaje de aquella época se le define como un yuppie. Narra Wolfe: "Un dÃa, en un arranque de euforia, después de haber descolgado el teléfono para aceptar un pedido de bonos que habÃan supuesto para él una comisión de 50.000 dólares, asà de sencillo, Aquellas palabras habÃan brotado en su mente".
No era tonto
"En Wall Street, él y unos pocos más, ¿cuántos? ¿trescientos, cuatrocientos, quinientos a lo sumo...? se habÃan convertido precisamente en eso, en Amos del Universo. ¡Sin limitación alguna...! Naturalmente, jamás se le habÃa ocurrido a Sherman pronunciar esta frase ante nadie. No era tonto. Pero no conseguÃa arrancarla de sus pensamientos. Y aquà estaba el Amo del Universo (...)"
Las Agencias de Calificación
Los Amos del Universo -los verdaderos, los auténticos- vienen galopando desde hace más de veinte años. En la actualidad, trabajan algunos de ellos para las denominadas Agencias de Calificación. Ni Estado ni Gobiernos. Los árbitros de la situación no son los polÃticos, aunque hayan surgido de las urnas. El arbitraje corresponde a las mencionadas agencias. Lo ha explicado muy bien Rafael Simancas en El Plural: "¿Quiénes están detrás de las agencias de calificación de riesgo financiero? ¿Con arreglo a qué criterios adoptan sus decisiones más sorprendentes? De estas agencias sólo sabemos tres cosas. Que sus resoluciones tienen una repercusión clave para la estabilidad financiera de muchos paÃses; que funcionan en régimen de opacidad absoluta, y que sus fallos de diagnóstico y de previsión son tan frecuentes como notables".
Todo vale
Todo vale. No importa que las agencias de calificación se equivoquen gravemente. Son inmunes, intocables. Cada una de sus operaciones puede poner a un paÃs patas para arriba y se quedan tan frescos. Standard&Poor´s examinó y avaló al banco de Lehman Brothers calificándolo de modélico. Poco después ese banco quebraba con estrépito, lo que significó en buena parte el inicio de la actual crisis económica internacional. A España nos han hecho ya varias jugadas sucias -la de ayer fue mayúscula- y no paran. Este mercadeo de truhanes que se creen -y desgraciadamente lo son en buena medida- los Amos del Universo supone, por lo demás, una fuente inacabable de dólares o de euros que se reparten ente ellos unos cuantos corsarios.
Y lo que te rondaré...
Los rumores difundidos de modo deliberado y falsario consiguieron hundir las bolsas, singularmente la española. Han jugado a transformar Grecia -a la que han martirizado durante meses y lo que te rondaré, morena- en España, de modo que, como dijo José Luis RodrÃguez Zapatero, "la verdad es que no doy crédito, es una absoluta locura". Esto es un atraco a mano armadas. O, como subrayó Alberto Pozas, director de Interviú, en la tertulia de CNN+ -que dirige y presenta nuestro colaborador Antonio San José- , se trata de un ataque más peligroso aún que los de los terroristas islámicos. No hay sangre. Pero sà puede acabar habiendo hambre y miseria para millones de ciudadanos.
Funesto slogan
¿Menos Estado y más mercado? Este funesto slogan de la derecha liberal nos está llevando al abismo. Es hora de que los progresistas, las izquierdas, pasen a la ofensiva y digan ¡basta! Hay que defenderse de los corsarios antes de que sea demasiado tarde.
Fuente y autor: Enric Sopena es director de El Plural




