Elecciones primarias, poderosos elefantes y frágiles cacharros

Javier Losada, miembro de la ejecutiva gallega del PSdeG-PSOE, forma parte de la corporación municipal de A Coruña desde el año 1983, desempeñando diversos cargos entre ellos Primer Teniente de Alcalde. En el año 2006 sucede en la alcaldÃa a Francisco Vázquez tras ser este designado embaixador en el Vaticano. Tambien es Senador.
Moreda en 1973 ingreso en el PSOE y en UGT. Diputado en el Congreso de los Diputados (1979-1996), senador (1996-2000), concelleiro de A Coruña desde 1987, presidente de la Diputación de A Coruña (1989-1995 y de nuevo desde 2003), Vicepresidente de Caixa Galicia, Miembro del Consejo de Administración y de la Comisión delegada de Caixa Galicia y secretario general provincial del PSDG-PSOE en A Coruña, etc, etc.
Resulta curioso el contraste que existe entre lo que piensa la ciudadanÃa sobre las primarias y la forma en que las juzgan los dirigentes de partido.
Los ciudadanos tienen, respecto a ellas, la mejor opinión imaginable, pues estiman que las primarias son una forma excelente de contribuir a democratizar un tipo de organizaciones que, por su naturaleza, resultan muy poco democráticas. La reciente encuesta de la versión digital de este periódico confirma una vez más un reparto entre partidarios de las primarias (96%) y contrarios a las mismas (4%) que acerca a los primeros prácticamente a la unanimidad.
El motivo por el que los dirigentes partidistas no quieren ni oÃr hablar de las primarias es el mismo por el que esa forma de selección de candidatos le gusta a tanta gente: porque les hacen perder el control de sus organizaciones que, sin primarias, funcionan como auténticos escuadrones militares, con una disciplina que, transmitida en cascada de la cúpula a las bases, convierte al máximo dirigente de un partido en una especie de dios laico que decide el destino de todo su rebaño. Si ese dirigente está, además, en alza electoral, la cosa llega al acabose: es suficiente con que exprese el más mÃnimo deseo para que toda la maquinaria se disponga a satisfacerlo de inmediato.
Esa descripción, que a algunos militantes de partido les parecerá un poco exagerada, se queda en realidad corta para España. Y es que en nuestro paÃs las organizaciones polÃticas son aún menos democráticas que en otras latitudes como consecuencia de una doble tendencia, que no ha hecho más que incrementarse desde 1977 para acá: por un lado, la extrema debilidad de los partidos, muy pequeños y formados en gran medida por profesionales de la polÃtica que han hecho de esta su modo exclusivo de vivir; por otro, y como directa consecuencia de lo anterior, la baja calidad de la clase polÃtica actual, que ha dado lugar a que se instaure en los partidos un mecanismo de selección inversa de las élites, por virtud del cual, lo que en la vida normal son méritos, se convierten en deméritos para acceder a la dirigencia de un partido y al revés. Por si alguien tuviera alguna duda sobre la certeza del diagnóstico, que lea las biografÃas del actual grupo dirigente del PSOE y verá que no exagero lo más mÃnimo.
Es en ese contexto de profesionalización extrema, máxima burocratización y baja preparación de las élites, en el que las primarias producen, en unos partidos donde nadie se mueve por miedo a perder lo conseguido o a no obtener lo deseado, un efecto similar al de un elefante en una cacharrerÃa, aunque con una pequeña diferencia: que el riesgo en este caso no es para los cacharros, sino para los poderosos elefantes.
Fuente y autor: Roberto Blanco Valdés/La Voz de Galicia




