Europa y el Magreb: unas revoluciones sin dirección a las que hay que dar asistencia
Los pueblos no tienen que pedir permiso para sublevarse frente a las tirarÃas. Y toda lucha contra un poder despótico y cruel es heroica en sà misma. Observar las calles de TrÃpoli o Bengasi manchadas de sangre por los bombardeos de un tirano hacen hervir la sangre. Pero la indignación en la distancia es sólo humo solidario.
Desde el 2 de Mayo hasta la revolución bolchevique, todas tienen sus orÃgenes en pueblos dominados por un invasor o por un tirano. Y la respuesta instantánea es la de la solidaridad y el apoyo a quienes se juegan la vida en esa lucha por la libertad.
Pero la responsabilidad de los europeos no acaba con las alabanzas a los héroes ni con la solidaridad manifestada con mayor o menor contundencia. Estamos ante una cadena de revoluciones o de rebeliones que exigen un análisis complejo y poliédrico.
En primer lugar está la preocupación porque la caÃda de los tiranos sea rápida, que se detengan los baños de sangre y se creen unas condiciones teóricas de construcción de sociedades en libertad. La salida del poder de los sátrapas es sólo el comienzo de un proceso que necesariamente ha de ser largo y complejo en el que hay una serie de análisis imprescindibles.
El segundo de ellos, el papel del ejército de cada paÃs en sus procesos internos. El monopolio del uso de la fuerza está en los ejércitos y su legitimidad depende de su subordinación al poder civil. Pero ese poder civil hay que construirlo mediante la institucionalización de las sociedades.
En tercer lugar, el análisis de las estructuras base para crear una sociedad civil institucionalizada, capaz de organizar la democracia y de sentar las bases que soporten la garantÃa de los derechos humanos.
En tercer lugar, Europa o los paÃses que se quieran implicar en ese proceso, tienen que apoyar a los partidos que homologuen la defensa de los derechos humanos, la igualdad del hombre y la mujer y en definitiva lo que hace irrenunciable las conquistas de la humanidad en los derechos de reunión, manifestación, expresión, libertad de prensa y sociedades en donde el poder civil sea independiente de las confesiones religiosas.
Barack Obama estableció en su ya legendario discurso conferencia de la Universidad de El Cairo en junio de 2009 que Islam y democracia no tenÃan que ser conceptos antagónicos sino compatibles. No nos puede cegar el miedo al integrismo islámico para tener tantas cautelas en el apoyo a las democracias incipientes que nos convoquen a no hacer nada.
Ni siquiera se trata sólo de ayuda económica, sino de un sentido global de colaboración que respetando las decisiones soberanas de cada sociedad, impulse los valores de la democracia, del progreso y de la modernidad para conseguir que el sur del Mediterráneo y el resto de los paÃses árabes contagiados hermosamente por este dominó de la libertad.
Fuente y autor: Carlos Canicero es periodista y analista polÃtico
Blog de Carlos Carnicero/elplural




