Un problema llamado Camps
Lo malo es que todo el mundo, incluidos sus jefes, saben a ciencia cierta que mintió y que lo hizo reiteradamente, cuando repitió como un mantra que se habÃa pagado sus trajes. Falso de toda falsedad. El numerito de las facturas desaparecidas fue todo un insulto a la inteligencia, porque cualquiera puede solicitar el duplicado de un documento de pago si fue, efectivamente, realizado. Engaño torpe, pues, e inútil, porque nadie, ni siquiera los suyos, es capaz de respaldar la inverosÃmil versión oficial del presidente de la Generalitat Valenciana.
Ahora, como era de esperar, Francisco Camps, que exhibe últimamente un aire entre ausente y ensimismado, le ha doblado el pulso a su jefe Rajoy. En un inconcebible ejercicio de autobombo, montó una reunión del comité electoral regional del PP de Valencia para que le proclamaran candidato a las elecciones del 22 de mayo. Un acto cuya validez pasa, indefectiblemente, por la ratificación del comité nacional, algo que no ocurrirá de manera inminente dado que la única forma de exhibir su autoridad por parte del presidente popular es retrasar el mayor tiempo posible este trámite para que el obsesivo aspirante a candidato se cueza en su propia salsa.
Lecciones de ética
Con Camps dentro de las listas, el margen para denunciar desde el PP los casos de corrupción de sus adversarios, queda muy debilitado. No resulta creÃble señalar los enjuagues del contrario sin barrer antes dentro de la propia casa. Las pruebas contra el aspirante a la reelección son bastante claras y aunque la pena se sustancie con una multa, no parece, la verdad, que sea la mejor carta de presentación de cara a los electores. La previsible celebración, el próximo otoño, de un juicio oral contra Camps, con intervención de Jurado, no parece que sea tampoco la imagen que más puede beneficiar a Mariano Rajoy y a su partido a pocos meses de unas elecciones generales.
Falta de autoridad
Me pregunto cuánto hubiera durado el futuro polÃtico de Camps si el pulso que le ha echado a Rajoy se lo hubiera planteado en su dÃa a José MarÃa Aznar. La respuesta es fácilmente imaginable. Ocurre que el actual presidente del PP tiene una fijación casi enfermiza por evitar la confrontación personal y por ello es capaz de tragarse el sapo y hacer como si mirara para otro lado, a pesar de que esa ausencia de decisión y falta de autoridad, minan su propia imagen dentro y fuera del partido.
Candidatos alternativos
Descartada la alternativa Barberá, por absoluto rechazo de la interesada, el entorno de Rajoy puso sobre su mesa el nombre de Alberto Fabra, actual alcalde de Castellón, pero el gallego no se atrevió a dar el paso, a pesar de tener consejeros áulicos que le incitaban a ello, y finalmente aguantó el envite del valenciano, mientras acariciaba la secreta e inviable idea de que éste diera un paso atrás motu propio, en una repetición imposible de lo que ocurrió con el correoso gerente popular Luis Bárcenas.
Resta más que suma
En el interior del Partido Popular hay muchas personas que saben a ciencia cierta que con la solución Camps se está fabricando, en realidad, un problema. Quizá no lo vean hoy ni mañana, pero llegará y se arrepentirán de haberse plegado a sus deseos. De lo que no hay duda, y eso es lo preocupante, es del resultado de las elecciones autonómicas en la Comunidad Valenciana. Camps ganará por goleada, sin sobresaltos de ningún tipo y sin que ni los trajes ni sus relaciones peligrosas con la trama Gürtel le pasen factura. Eso dice poco de él, poco de sus votantes y menos aún de sus adversarios polÃticos incapaces de hacer visible una alternativa ilusionante para los ciudadanos.
Un ejemplo de megalomanÃa
Lo último es para echarse a reÃr sino fuera por lo megalómano del personaje. ¿Qué se puede esperar de alguien que dice lo siguiente?: "Soy el candidato más respaldado de todos los candidatos de la historia de las democracias occidentales en todo el mundo". IncreÃble, pero cierto.
Fuente y autor: Antonio San José es periodista y analista polÃtico/elplural




