El paseo marÃtimo precisa una reforma integral, no un parche: EL Ayuntamiento de A Coruña lleva casi una década de incumplimiento de la Ley de Grandes Ciudades
l modelo de barandilla metálica para el paseo marÃtimo elegido en principio por el Ayuntamiento coruñés para sustituir a la actual balaustrada de piedra que prácticamente cada invierno se viene abajo por los furiosos embates del oleaje oceánico ha provocado una guerra abierta entre el colectivo de arquitectos y el gobierno municipal. El debate, que se ha extendido también a las redes sociales, va camino de eclipsar en A Coruña a la propia campaña electoral.
Manuel de la Iglesia, presidente de los arquitectos coruñeses, llegó a calificar el modelo de barandilla "muy coruñés", presentado la semana pasada por el concejal Esteban Lareo, como una aparición fantasmal del siglo XIX que será el "hazmerreÃr" de los paisajes urbanos costeros españoles. Para los arquitectos, el Gobierno local parece ignorar que el verdadero y excepcional elemento decorativo del paseo coruñés debe ser el mar y no un recargado mobiliario urbano neoversallesco que eclipse una privilegiada vista paisajÃstica de diez kilómetros única en ciudades costeras.
El Ayuntamiento salió al paso de la andanada de los arquitectos diciendo que la barandilla de la discordia está en pruebas y que se escucharán todas las sugerencias para su posible modificación, siempre y cuando sea seguro y tenga un coste asumible. Esto último es el auténtico quid de la cuestión. El Gobierno municipal decidió tras el temporal Becky, que el pasado noviembre se llevó por delante buena parte de la balaustrada del paseo de Riazor, buscar un remedio alejado de la baranda de piedra actual porque cada embestida del mar le supone un desembolso de miles de euros. La solución más barata y "coruñesa" le pareció el reciclaje de la barandilla metálica del puente de la avenida General Sanjurjo, porque tiene menos posibilidades de romperse con las tormentas y porque asà se evita el pago de un nuevo diseño.
Los arquitectos aclaran sin embargo que su crÃtica no se para en una puntual cuestión paisajÃstica sino que se extiende al contexto funcional del paseo marÃtimo. Consideran que el principal espacio de esparcimiento ciudadano coruñés está totalmente inadaptado al trazado sinuoso de la costa y dificulta los usos deportivos. El presidente de los arquitectos coruñeses califica precisamente la iniciativa municipal como un mero parcheo: hoy una barandilla, mañana un pavimento, pasado un carril bici inconexo; actuaciones que no acometen la renovación del paseo marÃtimo como un conjunto, deteriorado por una afluencia masiva de usuarios. Manuel de la Iglesia pone el dedo en la llaga al criticar que el Ayuntamiento elude la convocatoria de un concurso público de ideas, como sà hizo con la Plaza de España, pese a ser menos emblemática que la fachada marÃtima de la ciudad, que dé una respuesta integral y coherente a los múltiples problemas que acumula.
La mayorÃa de los coruñeses encuestados por este periódico acerca de la polémica barandilla manifiestan igualmente su rechazo al diseño y se muestran también partidarios de acometer una reforma general del paseo marÃtimo, cuyos pavimentos se encuentran muy dañados pese a ser el destino preferido de esparcimiento de los ciudadanos. La polémica sobre el diseño de la balaustrada marÃtima ha llegado también a las redes sociales: el grupo Paremos la nueva barandilla del paseo marÃtimo, cuenta ya con centenares de seguidores en Facebook, que cuestionan el anacronismo de la barandilla metálica.
Esta polémica es un ejemplo más que evidencia la falta de mecanismos abiertos para que la ciudad pueda debatir y participar en la toma de decisiones como ésta, una carencia sobre la que alertó el último estudio A Cidade dos Barrios, en el que ocho de cada diez residentes coruñeses consultados reclamaban vÃas de participación en los asuntos que afectan a la vida cotidiana de la ciudad, más allá de la ceremonia puntual de emitir el voto cada cuatro años. El Ayuntamiento de A Coruña lleva casi una década de incumplimiento de la Ley de Grandes Ciudades, que obliga a la creación del Consejo Social, Defensor del Coruñés o los distritos de la ciudad, organizaciones que, precisamente, deberÃa servir de marco de debate para actuaciones como la de la balaustrada del paseo marÃtimo. Por eso, porque la demanda es clara y el incumplimiento flagrante, llama tanto la atención que la regulación democrática de la vida ciudadana sea, precisamente, la gran olvidada de todas las formaciones polÃticas en el debate de la actual campaña electoral coruñesa.
Fuente: La opinion A Copruña




