El patrimonio de los políticos o mimetizar al pueblo
En esto del dinero, prebendas o sinecuras (léase mamandurrias) de los dirigentes políticos democráticos hay siempre dos puntos de vista, contradictorios entre sí y generalmente contrapuestos.
Uno de ellos pasa por criminalizar hasta los ojales que lucen los representantes políticos -ya sean parlamentarios o ejecutivos-como si el ejercicio de la vida política tuviera que ser gratis total, esto es, que sólo se pudieran dedicar a dicha actividad los que tienen posibles suficientes para vivir de las rentas.
Brahamanes
La otra visión pasa por defender a la "clase política" que si fueran brahamanes intocables, una casta sagrada a la que ni si puede siquiera tocar la borla de su corbata. Mimetizan cualquier crítica a los responsables públicos como un ataque frontal a la democracia. Tampoco es eso.
Como casi siempre "in medium virtus". El centro es mi predio preferido, lo cual no significa ni puede significar compadreo o falta de criterio sobre la mayor parte de los temas.
Lo que subleva a la ciudadanía son los privilegios. Por ejemplo, el que tendrá Ángel Acebes (casi 3.000 euros durante 21 meses) por dejar de ser diputado. Y como él todos los que calientan escaño.
Buen paso
Soy de los que estiman que la iniciativa del Congreso y el Senado para hacer públicos los patrimonios de los representantes representa por sí sola un gran paso hacia la transparencia necesaria e imprescindible para intentar recuperar algo de la gran credibilidad perdida. Aunque haya parlamentarios -que los hay- que no han declarado todo lo que tienen o hayan engañado (por silencio) en relación con los distintos caminos que pueden utilizar, por ejemplo, los abogados en ejercicio para pasar minutas.
A partir de ahora nadie podrá impedir a periodistas de investigación o a simples ciudadanos confirmar que la declaración de bienes de los diputados y senadores responde a la realidad o simplemente se trata de una patraña. Soy de los que creen, en efecto, que el patrimonio de una persona, mucho más si es dirigente político, dice o puede decir muchas cosas y, por ende, poder colegir con sustancia.
Los 100 euros de Libertad Digital
Hay algunas cosas curiosas en esas autodeclaraciones. En general, representan a la clase media de la actual situación española pero tampoco demasiado. Miguel Ángel Cortés (PP), el añejo diputado vallisoletano (en cuya circunscripción nunca ven ni en pintura, por cierto salvo dos días antes de las elecciones), pasa por ser uno de los ricos, con sabrosa y valiosa colección de arte, incluida. Fue secretario de Estado de Cultura. No sé si ha incluido la misma en su declaración. Yo no lo he visto. Sí ha hecho constar, en cambio, que tiene 100 euros en acciones del grupo Libertad Digital. Esto no es lo sustancial. Lo sustancial es si durante ocho años, incluso antes, se aprovechó de ser el responsable del PP en materia de Cultura y luego en el Gobierno para beneficiarse personalmente. Hay muchas formas de hacerlo.
Es uno de los que habría que investigar que ha dicho la verdad. Es muy amigo de Alfredo Timermans y su segunda esposa, Pilar Cubero García de la Granja (por la red circula una obscena foto de ambos en Nueva York con una lujosa limusina), la conocida como "ambiciones" dentro del Grupo Intereconomía que sigue sin dar una maldita noticia acerca de los enjuagues en Caja Burgos de su padrastro, José María Arribas, mientras se dedica a sacar la piel a tiras a todo socialista y progresista que se precie y a inventar maldades de todos aquellos que conocen su calaña y su material familiar y humano.
El caso Arribas escandaliza a Castilla y León y a Navarra. Y sigue ahí sin que el fiscal haya levantado un dedo.
De Llamazares a Fraga
Digamos la verdad. Un millón de euros de patrimonio es mucho dinero, sin duda, y no hay tantos agraciados entre el pueblo llano que tengan esa seguridad financiera. Lo debió ver así de inmediato el dirigente de Izquierda Unida (IU), Gaspar Llamazares, que raudo se puso la venda antes que la herida ante el conocimiento de sus 300.000 euros en cash. Argumentó sobre el mono como vestido tradicional de la izquierda y su habitáculo bajo el puente. No es eso, señor Llamazares; no es eso. Quiero recordarle algo obvio: las palabras mueven, el ejemplo arrastra. Al menos, y no es poco, ha dicho usted la verdad y sinceramente no era fácil con esa cifra en el coleto.
Fraga, tras 60 años en política, declara un millón de euros. Es verdad que vivió siempre de la actividad pública; podía haber ganado mucho más en la actividad privada.
Otros intereses
Pero no sólo de dinero vive el hombre y mucho menos el animal politicus. Son otros intereses lo que les mueve. Y casos de corrupción se producirán siempre porque está dentro de la condición humana. Lo que es más grave es taparla o mimetizarla con el paisaje y con el paisanaje.
Me alegra el paso adelante dado por los parlamentarios españoles; por ello hay que felicitar a su primer y gran instigador de la medida, José Bono.
Fuente y autor: Graciano Palomo/elplural




