Fases de un proyecto de reformas

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Reformar viviendas, edificios o espacios de cualquier índole, requiere de un trabajo previo para realizar un proyecto. En el proyecto se definen los pasos a seguir para ejecutar la obra de forma adecuada, en base a los diversos protocolos de construcción existentes. El mismo, deben contemplar todos los aspectos relativos a la construcción, los materiales o permisos necesarios para llevarlo a cabo, así como los profesionales cualificados para realizar la obra.

Desde los cimientos hasta la entrega del inmueble, el proyecto contiene todos los elementos indispensables para que la ejecución cumpla con todos los requisitos del cliente. Emprender una reforma puede ser un proceso de lo más complejo o sencillo, según el tipo de reforma. Cuando se acomete una reforma integral, las posibilidades con casi infinitas, de ahí su complejidad y la necesidad de que realice un estudio previo. Tanto si se trata de modernizar una vivienda, como si es el caso de reformar un local comercial o adaptar un piso para proceder a su alquiler, es un tipo de proyecto que requiere de una planificación detallada y contar con los conocimientos relativos a cada una de las diferentes etapas que lo componen.

En cualquiera de los casos, es necesario adoptar un enfoque multidisciplinario, en el que se abarquen aspectos tales como la arquitectura, la ingeniería, la gestión de los recursos y la normativa legal. No basta con decir quiero reformar la vivienda, hay que cumplir una serie de pasos y fases, dentro de las cuales destacan la planificación, la ejecución y la revisión final. Lo más habitual es recurrir a los servicios de un profesional, cualificado para realizar el proyecto, de principio a fin. Contando con los demás profesionales que se ocuparán de llevar a cabo la planificación como corresponde.

Planificación ante todo

Si queremos decir aquello de “me encanta que los planes salgan bien”, resulta fundamental contar con un buen plan. En el caso de las reformas, la planificación es el plan a ejecutar. Por lo tanto, el primer paso ante cualquier tipo de proyecto de reforma integral, es la planificación detallada de todo el proyecto. Se trata de una etapa crucial para el desarrollo de la obra, en el que se definen, como nos cuentan los profesionales de Geneo, expertos en edificación y rehabilitación de edificios, las necesidades del cliente y las posibilidades que presenta el espacio en cuestión.

Para esta primera fase, resulta indispensable, contar con un arquitecto, lo que garantiza que las decisiones que se tomen, estén alineadas con la viabilidad técnica de la obra.

Esta primera etapa de desarrollo del proyecto, se inicia con un análisis. Visitar el espacio a reformar, permite analizar el estado real en el que se encuentra, por lo que hay que revisar algunos puntos clave como la estructura del inmueble, que permite evaluar los elementos estructurales que pueden requerir refuerzos para garantizar la seguridad y estabilidad del proyecto. Por otro lado, se revisan con atención las instalaciones correspondientes a la electricidad y la fontanería, determinando la necesidad de ser renovadas o no, sobre todo en el caso de inmuebles antiguos. Además hay que tener en cuenta la normativa local, ya que cada municipio o comunidad autónoma, puede tener normativas específicas diferentes. Esta normativa debe cumplirse por lo que conviene estar asesorados al respecto, antes de tomar decisiones.

Con todo esto presente, se elabora un plano del estado actual del inmueble, indispensable para tener una visión clara y precisa de lo que es modificable y lo que no.

A continuación, se pasa al diseño del proyecto. Tras realizar un adecuado análisis, se puede empezar con el diseño, lo que más gusta a los clientes, puesto que se trata del momento en el que las ideas y necesidades, adquieren forma. Lo más habitual en este punto, es que los arquitectos presenten propuestas visuales para que los clientes, vean cómo puede ser el nuevo espacio.

Dentro de esta fase se definen aspectos relativos a la distribución de los diferentes espacios, se optimiza la distribución del inmueble para poder aprovechar al máximo posible el espacio disponible. Se definen al mismo tiempo los materiales a utilizar, eligiendo los más adecuados en función de la durabilidad, estética y presupuesto de los clientes y, se elabora un presupuesto. Este debe ser transparente para que no se produzcan sorpresas, por lo que se suele incluir una partida desglosada con todo tipo de detalles.

El paso siguiente no es otro que el relativo a los trámites y permisos necesarios para poder iniciar las obras. Sin permisos, por mucho proyecto que exista, no hay nada que hacer. Por lo que antes de empezar con las obras, hay que obtener todos los permisos necesarios que, van en función del alcance de la reforma. Según su envergadura, puede ser necesario solicitar la licencia de obra mayor o menor. En muchos casos, los clientes no optan por realizar estas gestiones directamente, por lo que relegan en los estudios que llevan a cabo el proyecto. Este paso en particular requiere de mucha planificación, lo que es difícil de cuantificar en tiempo, ya que obtener los diferentes permisos depende de diversos factores. Por lo que los equipos que realizan el proyecto, se ocupan de gestionar todos los permisos necesarios en el ayuntamiento correspondiente.

Manos a la obra

Con todas las fases previas bien realizadas, los permisos aprobados y el diseño finalizado y aprobado por los clientes, se pasa a la acción. Empezando por la fase de demolición. En esta primera fase de trabajo y la cuarta del proyecto, se retiran los elementos que no formarán parte de la nueva vivienda, preparando el espacio para poder avanzar en las siguientes fases.

Dentro de esta primera fase de ejecución, se realizan demoliciones, eliminando tabiques y revestimientos que no se mantendrán con la reforma. Se gestionan los residuos, retirando el escombro producido de forma segura y se colocan los refuerzos estructurales en caso de necesidad. Si se detecta algún punto que requiere un refuerzo, es el momento de colocarlo para evitar males mayores.

Pasado este punto de preparación del terreno, con todo el espacio libre de elementos innecesarios, se inicia la fase de construcción. Es el momento en que se lleva a cabo la transformación del inmueble, dando vida al proyecto previamente planificado.

Se levantan los tabiques para obtener la distribución acordada en el diseño aprobado previamente, lo que optimiza la funcionalidad del espacio. Se renuevan las instalaciones eléctricas, de fontanería y climatización, adaptándolas a la normativa vigente y las preferencias del cliente. Por último, se colocan los acabados, suelos, revestimientos, pintura y detalles que hacen que cada proyecto, sea único. De manera que se obtiene el aspecto final del espacio.

Un ejemplo de reforma puede ser la optimización de un espacio con objeto de lograr un concepto abierto que proporcione mayor luminosidad. Para ello se busca un diseño atemporal que se adapte de manera eficiente a lo largo del tiempo. Aunque las posibilidades, con un buen proyecto, son casi infinitas.

La última fase del proyecto de reforma no es otra que la inspección final y, por supuesto, la entrega del mismo al cliente. Una vez finalizada la obra, se realiza una inspección detallada de todos los aspectos de la reforma. La finalidad de esta minuciosa inspección, no es otra que la de verificar que todo se ha llevado a cabo en base al plan establecido. Se revisan los acabados y las instalaciones, asegurándose de que la reforma, cumpla con los estándares y expectativas del proyecto.

Como colofón, una obra de esta envergadura, debe disponer de la cédula de habitabilidad correspondiente. Este documento, certifica que se trata de un inmueble apto para ser habitado, cumpliendo con toda la normativa correspondiente. Se trata de un trámite que, por lo general, realiza el estudio encargado del proyecto.

Una vez se realiza la entrega del inmueble con su cédula de habitabilidad, el arquitecto encargado del proyecto, proporciona una serie de recomendaciones sobre el mantenimiento más adecuado, para los materiales e instalaciones. Esto hace que el espacio reformado se mantenga en las mejores y más óptimas condiciones a lo largo del tiempo.

Realizar una reforma integral constituye un proceso que implica planificación, tiempo y conocimiento. Cada una de las fases que compone el proyecto, desde la planificación hasta la entrega, es importante si se quiere asegurar que el proyecto tenga éxito.

En conclusión, queda más que claro que llevar a cabo una reforma integral, implica seguir un proceso riguroso, en el que se abarque desde la definición de los objetivos del proyecto, hasta la puesta en marcha de las instalaciones y la validación final. Una correcta planificación siempre va a garantizar un control adecuado del presupuesto, los plazos y la calidad del trabajo realizado. Durante la fase de ejecución, la coordinación entre los diferentes profesionales que trabajan en el proyecto, resulta determinante para asegurar que se sigue la línea marcada en la hoja de ruta. Lo que evita imprevistos y retrasos en la ejecución. Llegando a la fase de finalización y revisión, en la que se asegura la conformidad del proyecto en lo relativo a normativa y expectativas del cliente. Siguiendo los pasos definidos en este artículo y, con independencia de la envergadura del proyecto, el mismo puede abordarse de forma integral.

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