Durante años hemos aprendido a identificar los grandes enemigos de la salud bucodental: las caries, los dientes torcidos, el sarro acumulado… pero hay un enemigo silencioso, igual de común y mucho más infravalorado, que se cuela en nuestras bocas con toda la naturalidad del mundo: la gingivitis. Lo curioso es que en la mayoría de los casos se asume como algo “normal”, como si tener las encías inflamadas fuera una especie de cosa inevitable por cepillarse con prisas o no usar hilo dental, pero en realidad, no lo es.
La gingivitis no debería formar parte de la rutina diaria, pero lo cierto es que se ha colado tan sutilmente en la vida moderna que casi parece invisible. Y cuanto antes empecemos a mirarla de frente, más posibilidades tendremos de revertir sus efectos antes de que se convierta en algo mucho más serio.
Primeros problemas con las encías.
Una de las cosas más inquietantes de la gingivitis es que no siempre avisa, o duele, al menos al principio. Lo único que notas, con suerte, es que te sangran las encías al cepillarte. Lo curioso es que ese sangrado, que debería levantar todas nuestras alarmas, muchas veces se acepta como algo menor. “Bah, será que he apretado demasiado el cepillo”. O peor aún: “Esto siempre me pasa, ya se me pasará”. Pero créeme, no se pasa solo.
La gingivitis es la fase inicial de una enfermedad periodontal. Es decir, que, si no se trata a tiempo, lo que empieza como una inflamación más o menos molesta puede desembocar en periodontitis, que sí es un problema serio: pérdida de encía, movilidad dental y, en los casos más extremos, pérdida del diente. Y todo eso, por ignorar una señal tan evidente como el sangrado o la inflamación.
Vivimos tan rápido que no escuchamos a nuestro cuerpo, pero si lo hiciéramos, nos daríamos cuenta de que la gingivitis está cada vez más ligada a hábitos que hemos normalizado: el consumo de comidas rápidas, bebidas azucaradas, el estrés crónico, los problemas de insomnio y una higiene dental hecha a toda prisa.
Así es, el estrés, por ejemplo, nos afecta de muchas formas, y al alterar nuestra respuesta inmunológica también se ve afectada nuestra salud bucodental: está comprobado que, en épocas de estrés prolongado, el cuerpo es menos capaz de defenderse de las bacterias que causan la inflamación de las encías. De hecho, hay estudios que demuestran una clara relación entre la salud mental y la salud periodontal.
Así que sí, si llevas meses con la cabeza a mil, es muy probable que tus encías ya lo estén notando.
¿Y si la culpa no es solo del cepillo?
Hay una idea muy extendida de que la gingivitis solo aparece por una mala higiene dental, y aunque es cierto que cepillarse bien y usar hilo o cepillos interdentales es fundamental, no siempre es suficiente. A veces, incluso las personas que se lavan los dientes tres veces al día pueden desarrollar gingivitis. ¿Y por qué pasa esto? Pues porque hay muchos más factores implicados:
Uno de ellos son los cambios hormonales. Las mujeres pueden notar encías más inflamadas durante la menstruación, el embarazo o la menopausia, y también influyen ciertos medicamentos, como los que reducen la producción de saliva, o los que alteran la vascularización de las encías.
Otro que afecta, y muchísimo, es el tabaquismo, y no debería sorprendernos: fumar reduce la capacidad del cuerpo para combatir infecciones, y además enmascara los síntomas. Es decir, puede que tengas gingivitis, pero no veas sangrado, simplemente porque la nicotina ha estrechado los vasos sanguíneos.
¿Y qué hacemos cuando ya ha aparecido?
Lo primero: no entrar en pánico. La gingivitis se puede tratar y, en muchos casos, revertir completamente si se detecta a tiempo, pero lógicamente requiere compromiso. El tratamiento básico empieza por una limpieza profesional en la clínica dental, donde se elimina el sarro acumulado. A partir de ahí, hay que mejorar la higiene diaria, seguir las indicaciones del dentista y acudir a revisiones frecuentes; la clínica dental Unova defiende que lo ideal es hacerse una limpieza cada 6 meses, para conservar en buen estado las encías.
En algunos casos puede ser necesario utilizar colutorios específicos o tratamientos antimicrobianos localizados, pero en general, lo más importante es mantener una rutina constante y efectiva. Y, sobre todo, no dejarlo para más adelante. Porque cuanto más se pospone, más difícil es frenarlo.
La invisible conexión con el resto del cuerpo.
Aquí viene una de las partes más sorprendentes, y también la más ignorada: la salud de las encías no es un asunto que afecte solo a nuestra boca, al contrario; las bacterias que provocan la gingivitis pueden pasar al torrente sanguíneo y desencadenar inflamaciones en otras zonas del cuerpo. De hecho, hay investigaciones que vinculan la gingivitis y la periodontitis con problemas cardiovasculares, partos prematuros e incluso algunas formas de demencia.
¿Exageración? Para nada. La inflamación crónica es una de las grandes responsables de muchas enfermedades actuales, y la gingivitis es, precisamente, un proceso inflamatorio crónico cuando se mantiene en el tiempo. Así que sí, cuidar tus encías es también cuidar tu corazón, tu cerebro y tu sistema inmunológico.
La prevención no tiene por qué ser aburrida.
Cada vez se habla más de salud dental en las redes sociales, pero, sin embargo, sigue pareciendo un tema aburrido, lleno de normas y recomendaciones de las que uno se olvida al cabo de cinco minutos. Por eso, quizás lo mejor sea encontrar rutinas que se integren en la vida sin resultar pesadas.
Si lo que te ocurre, por ejemplo, es que te cuesta usar hilo dental, te recomendamos usar los cepillos interproximales: los hay de muchos tamaños y se pueden usar mientras ves una serie o estás con el móvil. O si no sabes qué cepillo elegir, consulta con tu dentista cuál es el mejor para ti (sí, no todos los cepillos valen igual para todo el mundo). De igual forma, si esto te resulta aburrido o pesado, puedes buscar un enjuague con buen sabor o un cepillo eléctrico con temporizador ¡Tú eliges! Lo importante es que te cuides e intentes prevenir estos problemas.
Nuevas tecnologías y, por tanto, nuevas oportunidades.
La odontología ha avanzado muchísimo en los últimos años, y eso también ha cambiado la forma de prevenir y tratar la gingivitis. Hoy en día existen aplicaciones que te recuerdan cuándo cambiar el cepillo, que controlan el tiempo de cepillado o que incluso se sincronizan con tu cepillo eléctrico para corregir errores en tiempo real. También hay clínicas que utilizan sistemas de diagnóstico digital para evaluar el estado de las encías sin necesidad de pruebas invasivas.
Todo esto puede parecer un poco tonto, pero para muchas personas es la diferencia entre seguir una rutina o abandonarla. Con la información adecuada y las herramientas correctas, prevenir la gingivitis puede ser algo tan automático como ponerte el cinturón al subir al coche.
Sin embargo, cabe destacar que, aunque hablemos de tecnología y hábitos modernos, lo más práctico sigue siendo lo más básico: lavarse los dientes bien, limpiarse entre ellos, acudir al dentista de forma periódica y escuchar las señales que da el cuerpo. Al fin y al cabo, el objetivo no es que nos convirtamos en expertos en periodoncia, sino que dejemos de mirar para otro lado, y sepamos que la gingivitis puede desencadenar problemas más graves y que no se resuelve sola.
¡Sabemos que es muy común, pero que eso no significa que debamos normalizarla!
No subestimes lo que no se nota a simple vista.
Ahora que ya sabes de qué va este problema, es probable que pienses que es curioso cómo algo tan pequeño como una encía inflamada puede afectar tanto ¿verdad? Puede que incluso sientas recelo al creértelo. Sin embargo, es cierto, y tanto es así, que incluso puede afectar incluso a nuestras emociones.
La famosa sonrisa gingival existe, y provoca cierta inseguridad en las personas que la tienen: hay quien evita sonreír por vergüenza, quien siente incomodidad al hablar o quien desarrolla inseguridad por tener mal aliento. Y aunque estas consecuencias no se suelen mencionar en los artículos médicos, son reales. La salud bucal también afecta a la autoestima, a las relaciones sociales y a cómo nos enfrentamos al día a día.
Por eso, cuidar las encías es mucho más que una cuestión de salud: afecta a nuestro bienestar.
Conclusión.
A veces pensamos que la gingivitis es poca cosa porque los dientes siguen ahí y no nos duele, pero hablemos en plata: si lo normalizamos y seguimos con nuestra vida, sería como ver una pequeña gotera en el techo y pensar que no pasa nada porque todavía no se ha caído el yeso: es importante no dramatizar ni convertirnos en unos hipocondríacos, pero tampoco debemos dejarlo pasar. Algo tan sencillo como lavarnos los dientes a diario o ir al dentista un par de veces al año puede ayudarnos ¡Así que no dejes de hacerlo! Tu boca, tu cuerpo entero y tu salud mental te lo agradecerá.

