Hacerse mayor no significa volverse pasivo y quedarse en un rincón. Al contrario, una vez que llega la jubilación y pasan los años, mantenerse activo tanto a nivel físico como a nivel mental es indispensable. Existen muchas actividades que las personas mayores pueden incorporar a su día a día y a su rutina, aunque hay que dejar claro que, tras la jubilación o en las etapas en las que existe una carga menor de responsabilidades, no implica que sea necesario tener una agenda repleta. Tan solo mantenerse activo en la medida adecuada.
El descanso, la contemplación o disfrutar de un ritmo de vida más pausado forman parte del bienestar. Muchas personas descubren en este momento de su vida una nueva oportunidad para recuperar aficiones, aprender, compartir tiempo con otras personas o dedicar más tiempo a las actividades que resultan más satisfactorias. Cuando las actividades que se realizan son una respuesta clara a los intereses personales y no a una obligación, contribuyen a mejorar el bienestar físico, emocional y social, al mismo tiempo que se mantiene la salud cerebral.
Vamos a dedicar este artículo a explicar por qué hay que mantenerse activo, ya que favorece un envejecimiento más saludable, y vamos a proponer algunas actividades ideales para las personas mayores en los ámbitos físico, cognitivo, social y creativo. Mantenerse activo contribuye a mantener esa salud cerebral tan necesaria y el bienestar, por lo que algunas actividades físicas son más recomendables para conservar la movilidad y el equilibrio. Así como vamos a hablar de qué actividades intelectuales y creativas estimulan la mente y de lo que aportan las relaciones sociales o los viajes, y de encontrar el equilibrio personal sin sentirse obligado a realizar actividades de forma constante.
Hay que estar activo, no siempre ocupado
Algo que nos han comentado en nuestra visita a la Residencia para mayores en Castilla, donde la prioridad es el bienestar y la tranquilidad de los residentes, garantizando una estancia agradable que involucra a los familiares en las actividades y fiestas que realizan en el centro, es que una cosa es mantenerse activo y otra, siempre ocupado. Mantenerse activo es fundamental, pero no quiere decir que haya que llenar cada momento del día con un sinfín de actividades o que haya que sentirse obligado a hacer cosas de forma continua.
El bienestar incluye tiempo para el descanso, disfrutar de la tranquilidad o simplemente no hacer nada. Lo que es verdaderamente importante evitar es que la falta de actividad venga impuesta o precedida por una soledad no deseada, la apatía o la pérdida de oportunidades para hacer lo que resulta valioso para cada persona.
Las sugerencias que vamos a proporcionar no se tienen que entender como si fueran una lista de tareas que hay que completar; tan solo son ejemplos de las opciones a las que se puede recurrir para contribuir al bienestar si responden a los intereses, las capacidades y las preferencias individuales.
A medida que pasan los años, las circunstancias personales cambian; también lo hacen las responsabilidades y la forma de organizar el día a día. La jubilación, la independencia de los hijos y la disponibilidad de más tiempo libre abren la puerta a nuevas oportunidades para disfrutar, aprender y cuidar de la salud. Esta etapa vital se convierte en un momento ideal para recuperar las aficiones, descubrir nuevos intereses o dedicar más tiempo a todo aquello que proporcione mayor bienestar.
Adoptar un estilo de vida activo a nivel físico, estimulante a nivel intelectual y participativo a nivel social es parte de una estrategia que favorece la salud del cerebro y contribuye a reducir el riesgo de deterioro cognitivo.
El ejercicio físico es uno de los pilares del envejecimiento saludable. Mantenerse físicamente activo ayuda a que se conserven la movilidad, la fuerza y el equilibrio, reduciendo el riesgo de padecer muchas enfermedades y favoreciendo la independencia. Adaptar la actividad física a las preferencias, las capacidades y las características de cada persona es fundamental, siendo algunas propuestas interesantes el caminar de forma regular, la práctica de la natación o actividades acuáticas, el yoga, taichí o pilates, bailar.
Estas disciplinas trabajan aspectos importantes como la flexibilidad, el equilibrio, la coordinación, la fuerza muscular y el control de la postura, por lo que pueden ayudar a disminuir el riesgo de las caídas, además de incorporar técnicas de respiración. Al bailar se sigue el ritmo de la música, se recuerdan pasos, se coordinan movimientos y se adapta a otras personas, exigiendo una participación simultánea de las funciones físicas, cognitivas y sociales. Se vive como actividad lúdica y placentera que favorece la continuidad.
Estimular el cerebro también importa
El cerebro conserva su capacidad para adaptarse y seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida. Aquellas actividades que suponen un reto intelectual favorecen la que se conoce como reserva cognitiva, la capacidad que tiene el cerebro para afrontar los cambios asociados al envejecimiento natural o a determinadas enfermedades.
Leer y participar en clubes de lectura favorecen la atención, la concentración, el lenguaje, la memoria y la imaginación, al mismo tiempo que permiten descubrir nuevas ideas y ampliar los conocimientos. Compartir la experiencia de leer en un club de lectura invita a reflexionar, intercambiar opiniones y debatir los diferentes puntos de vista, lo que supone un estímulo de las funciones cognitivas.
Aprender algo nuevo como un idioma, fotografía, teatro, un curso de cocina o descubrir las herramientas digitales es una excelente forma de mantener activo el cerebro.
Desarrollar la creatividad con actividades artísticas como pintar, dibujar, escribir, tocar un instrumento musical, cantar, hacer cerámica, coser… es una actividad que estimula las funciones cognitivas al mismo tiempo que permite expresar emociones disfrutando del proceso.
Este tipo de prácticas conlleva la planificación, la toma de decisiones, la resolución de pequeños retos y el desarrollo de nuevas habilidades, además de favorecer la concentración y proporcionar satisfacción personal.
Los juegos de mesa y los pasatiempos son una manera muy entretenida de ejercitar diferentes capacidades cognitivas. El ajedrez, el dominó, las cartas, los juegos de estrategia, los crucigramas o las sopas de letras requieren poner en marcha la atención, la memoria, el razonamiento, la planificación y la resolución de problemas y mantienen activa la mente.
Otro de los pilares del envejecimiento saludable son las relaciones sociales. Mantener vínculos significativos favorece el bienestar emocional, ayuda a combatir la soledad no deseada y ofrece oportunidades para mantenerse activo tanto a nivel físico como mental. La interacción con otras personas hace conversar, recordar, planificar, resolver situaciones cotidianas y adaptarse.
Viajar no está reservado a la juventud. Organizar una salida, orientarse en entornos desconocidos y diferentes, conocer otras culturas o descubrir rincones más cercanos estimulan la curiosidad y enriquecen la experiencia personal. No hace falta que los desplazamientos sean largos para disfrutar de lo que supone. Con una excursión de un día, visitar un museo o hacer una ruta cultural es una excelente oportunidad de aprender, moverse y relacionarse.
Que las personas mayores realicen actividades no debe entenderse como una forma de ocupar el tiempo libre o una lista de tareas a completar. Se trata de una serie de oportunidades que permiten preservar la autonomía, fortalecer las relaciones sociales y cuidar de la salud cerebral de la forma más sencilla.
Encontrar el propio equilibrio quiere decir que cada persona tiene que construir un estilo de vida que esté en consonancia con sus intereses, capacidades y circunstancias particulares. Lo más importante no es mantenerse ocupado, sino mantenerse conectado a las actividades, relaciones y experiencias que proporcionan bienestar, satisfacción y sentido a la vida.
Resulta indispensable promover un envejecimiento saludable. Esto no consiste en llenar la agenda de infinitas actividades. Se trata de disponer de las oportunidades adecuadas a esta etapa de la vida y conforme a las preferencias particulares, para mantener la autonomía y poder gozar de la mejor calidad de vida que sea posible.
No existe una actividad única y concreta que sea la mejor para todo el mundo. Lo mejor es combinar ejercicio físico, actividades intelectuales, relaciones sociales y aficiones motivadoras y que se puedan mantener.
Por lo que la actividad más adecuada es aquella que se adapta a las capacidades, los intereses y las circunstancias particulares de cada persona para que se pueda mantener en el tiempo. Siempre que sea posible, se aconseja la combinación de las actividades físicas, cognitivas y sociales, ya que se trata del conjunto que hace que el envejecimiento sea más saludable.
Mantener una vida activa es para los mayores la mejor forma de llevar un envejecimiento saludable. Está comprobado que la participación regular en actividades placenteras permite afrontar con mayor optimismo los cambios que se producen a lo largo de esta etapa, aportando bienestar a nivel psicológico y numerosos beneficios para la salud. Abandonar la vida social y lúdica ayuda a que el estado de salud sea peor y el ánimo no sea adecuado.
Mantenerse activo tiene un impacto positivo integral que mejora el estado de ánimo, mantiene la mente activa, refuerza la autoestima y aporta sensación de utilidad y propósito. Por lo que realizar actividades y compartirlas reduce el sentimiento de soledad y alimenta las relaciones afectivas, lo que repercute en el indispensable bienestar emocional.

